Vivir con una salud frágil: cuando el cuerpo te obliga a parar
Una reflexión personal sobre enfermedad invisible, límites y el valor de parar
Durante mucho tiempo, mi vida fue una especie de carrera silenciosa. Iba haciendo, resolviendo, adaptándome. Me movía entre citas, compromisos, trabajos, ideas, nuevas metas… Pero había algo dentro de mí que iba apagándose lentamente.
Al principio, eran solo señales difusas: cansancio que no se iba con el descanso, dolores inexplicables, una sensación de no estar nunca del todo bien. Luego, esas señales se volvieron más intensas, más constantes, más difíciles de ignorar.
Y aun así, seguí. Como muchas personas, crecí con la idea de que la salud es algo que se puede controlar con actitud, con voluntad, con esfuerzo. Hasta que mi cuerpo me enseñó otra lección: a veces, lo que necesitas no es seguir, sino parar.
Cuando no se ve, pero se siente
Hay algo profundamente solitario en vivir con síntomas que no tienen una causa clara, o que no se detectan fácilmente en las pruebas convencionales. En mi caso, antes del diagnóstico más reciente, ya acumulaba varias etiquetas: fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, sensibilidad química múltiple, disautonomía…
Palabras grandes que explican poco.
Porque en el fondo, lo que más pesa no es solo el dolor o el cansancio, sino la sensación de estar sola en una experiencia que otros no terminan de entender. La necesidad de justificarte. De explicar por qué hoy no puedes. De sentir que vives en una especie de tierra de nadie, entre el “no estás bien” y el “todo está bien en tus análisis”.
El día que tuve que rendirme (y no fue derrota)
Rendirse no siempre es una derrota. A veces, es un acto de amor hacia una misma. Un día, tras años de búsqueda, tuve que aceptar que no podía seguir viviendo como si no me pasara nada. Que no podía seguir exigiéndome lo mismo. Que no podía seguir funcionando desde la autoexigencia sin escuchar mis propios límites.
Ese día, empecé a parar. Y a mirar.
A buscar respuestas más allá de lo obvio. A confiar en mi intuición. A escuchar otras voces médicas, a hacer pruebas más específicas, a abrirme a la posibilidad de que algo más profundo estuviera ocurriendo en mi cuerpo. Y también, a abrirme emocionalmente, a reconocer el impacto que esta situación tenía en mi ánimo, en mi autoestima, en mis vínculos.
Lo invisible también duele
Una enfermedad no necesita ser visible para ser real. El dolor no necesita ser dramático para ser profundo. La fatiga no necesita ir en silla de ruedas para ser incapacitante.
He aprendido que el hecho de que algo no se vea, no lo hace menos válido. He aprendido también a validar mi experiencia incluso cuando los demás no la entienden. A sostenerme incluso cuando siento que me derrumbo. Y a dejar de pelear contra mí misma.
Aprender a estar en pausa
Estar en pausa no significa no vivir. Significa vivir desde otro lugar. Desde otro ritmo. He tenido que aprender a convivir con la lentitud. Con el no saber. Con días buenos y otros no tanto. Con un cuerpo que no siempre responde como quisiera. Con emociones que se activan sin previo aviso.
Y en medio de todo eso, he descubierto otra forma de habitarme: más honesta, más presente, más conectada a lo esencial.
He descubierto también que no estoy sola. Que hay muchas personas viviendo procesos parecidos. Que cuando compartimos nuestras historias, no solo nos liberamos un poco, sino que también abrimos caminos para otros.
Lo que sostengo ahora
Hoy no tengo todas las respuestas. Aún estoy en proceso. Me sigo tratando, cuidando, con días de mayor esperanza y otros de mayor incertidumbre. Pero hay algo que sí tengo claro: mi cuerpo ya no es un enemigo al que tengo que doblegar. Es un mensajero al que debo escuchar.
Y desde ahí, se abren nuevas preguntas, nuevos aprendizajes, y poco a poco, una nueva manera de estar en el mundo.
Si tú también estás ahí…
Si te reconoces en algo de lo que he contado, quiero decirte algo: no estás sola. No estás exagerando. No estás fallando.
- Tu dolor importa.
- Tu proceso importa.
- Tu manera de vivirlo también tiene sentido, aunque sea distinta.
- No necesitas demostrar nada. Solo escucharte. Y darte permiso para ser, tal como estás.
¿Necesitas orientación en tu proceso de salud?
Si convives con fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, SQM o Lyme y te sientes perdida entre diagnósticos, trámites o decisiones médicas, este espacio de orientación puede ayudarte.
¿Nos acompañas?
En Mesientabien compartimos ideas, reflexiones y recursos que nutren. Sin prisa, sin presión, desde la experiencia real de caminar con lo que hay.
Si quieres construir un estilo de vida más consciente y más tuyo, te esperamos con los brazos abiertos en nuestra pequeña tribu.
Relacionados
Orientación para pacientes con enfermedades crónicas: lo que aprendí al vivir sin respuestas claras
Orientación para pacientes con enfermedades crónicas: una mirada necesaria cuando todo se vuelve confuso Cuando el mayor desafío es la confusión: una reflexión sobre el valor de la orientación Cuando la vida se llena de citas médicas, informes, diagnósticos confusos y...
¿Puede la Inteligencia Artificial ayudarnos en la salud?
¿Puede la inteligencia artificial ayudarnos en la salud crónica? ¿Puede la inteligencia artificial ayudarnos en la salud? Una mirada realista y esperanzadora Vivimos en un momento en el que la tecnología evoluciona más rápido que nunca. La inteligencia artificial —que...
Cómo sobrevivir (y disfrutar) las fiestas navideñas cuando vives con enfermedades crónicas multisistémicas
Cómo sobrevivir (y disfrutar) las fiestas navideñas cuando vives con enfermedades "invisibles" Vivir las fiestas navideñas con enfermedades crónicas invisibles e incomprendidas puede resultar abrumador. Nochebuena, Navidad, San Esteban, Nochevieja, Año Nuevo, Reyes......
Cuando el cuerpo enferma, el arte sostiene
Cuando el cuerpo enferma, el arte sostiene Una mirada íntima sobre cómo el arte puede ser refugio, resistencia y compañía en la enfermedad crónica Vivir con una enfermedad crónica no es solo convivir con síntomas físicos. Es habitar un cuerpo que ya no responde como...
Enfermedad de Lyme: mi camino hasta el diagnóstico
Una historia real sobre síntomas invisibles, preguntas difíciles y una nueva mirada Una historia real sobre síntomas invisibles, preguntas difíciles y una nueva mirada Durante años conviví con síntomas que no tenían una explicación clara: fatiga extrema, dolor...





