Hoy quiero hablaros de una dolencia de la que quería hablar desde hace tiempo. Una dolencia que atormenta a muchos afectados/as de fibromialgia y síndrome de fatiga crónica, y a la que no se le suele prestar mucha atención: La Disfunción temporomandibular, Síndrome disfuncional de la articulación temporomandibular, Síndrome miofacial doloroso por disfunción, Síndrome de Costen, Síndrome Temporomandibular, STM, Artritis de la articulación temporomandibular, o Disfunción de la articulación Témporo-mandibular.

Durante mis dieciséis años de andadura médica tratando de mejorar los síntomas de la fibromialgia, y entre todos esos dolores que padecía -de cabeza, de rodillas, de ojos, de articulaciones, de talones, de huesos…-, había uno que me tenía especialmente desesperada: el dolor en la mandíbula

Un dolor que he padecido durante años, que irradiaba a la cabeza y los oídos, y que me impedía morder un simple bocadillo a veces, y que me hacía ver las estrellas al apoyar la cabeza en la almohada por las noches.

Finalmente uno de los dentistas a los que fui me comentó, así “a ojo”, y sin radiografías ni nada, que era consecuencia de una ortodoncia mal hecha que ahora las arcadas no me encajaran bien, y que por eso ahora tenía tanto dolor en la mandíbula; un dolor, que, “siempre me iba a ir a peor y que cada vez sería más insoportable”; y “dando gracias de poder comer”, me dijo. No mencionó nada acerca del síndrome temporomandibular (ATM), pero sí me comentó que lo que necesitaba era otra ortodoncia, un tratamiento, y una férula, y mucho dinero para ello, claro. Algo que, por un lado, no me podía permitir, y por otro, me sonó tan dramático que me hizo desconfiar acerca de si realmente necesitaba un tratamiento así, y de si sería realmente efectivo o si, por el contrario, sería otro sacadinero más, sumado a los muchos que llevaba. Era un dentista de una franquicia de clínica dental, de esas que te ofrecen una primera visita gratuita, y que, además, era la primera vez que me visitaba. Así que, como no sabía muy bien si era una opinión fiable, decidí esperar.

Como tenía una hernia discal en la columna, los médicos me decían que eran contracturas en el cuello originadas a causa de ello -pero seguían haciéndolo, “a ojo” sin ni siquiera tocarme la mandíbula-. No fue hasta hace un año, que una masajista, el primer día que llegué, me estuvo masajeando el cuello y me dijo: “¡Menuda artrosis que tienes aquí! ¿Has oído hablar del síndrome temporomandibular?”

Fui entonces a un cirujano maxilofacial -dentista-, me miró, me hizo radiografías y me confirmó el diagnóstico de STM.

Empecé a descontracturar la zona con masajes, que son muy dolorosos pero que alivian mucho el dolor; a hacer una serie de ejercicios en casa; y a llevar una férula de descarga por las noches, a veces, incluso, por el día; y el dolor me mejoró muchísimo. También me recomendaron ortodoncia, que he dejado para más adelante.

Lo más sorprendente, indignante y surrealista, es que durante todos esos años ni uno solo de los médicos, traumatólogos, cirujanos, neurólogos, médicos de cabecera, de medicina interna, fisioterapeutas, osteópatas … pensó en mirarme la mandíbula, a pesar deque yo insistiera una y otra vez en lo mucho que me dolía. Ni siquiera los dentistas a los que había ido. Alucinante.




 

¿Qué es el síndrome temporomandibular?

Como explica el Dr. Juan Balboa en un artículo que os recomiendo: (http://www.juanbalboa.com/articulacion-temporomandibular/):

La Disfunción temporomandibular, Síndrome disfuncional de la articulación temporomandibular, Síndrome miofacial doloroso por disfunción, Síndrome de Costen, Artritis de la articulación temporomandibular, o Disfunción de la articulación Témporo-mandibular,  es una alteración del funcionamiento normal de la mandíbula, con dolor en su articulación, a causa de desórdenes funcionales dentro de la misma articulación -ligamentos, disco articular, membranas sinoviales- o en su entorno -principalmente sus músculos, que la desplazan lateral o verticalmente el cuerpo mandibular-, impidiendo o limitando la fisiología mandibular habitual.

 

¿Cuáles son las causas?

Cuando el diagnóstico es Disfunción Témporomandibular, las causas son:

 

TENSIÓN PSÍQUICA + TENSIÓN MUSCULAR + TIEMPO = DISFUNCIÓN DE ATM

 

Por un lado, desarmonías oclusales: problemas de oclusión, discrepancias, irregularidades, desequilibrios, entre las articulaciones de la mandíbula, y la forma en que la dentadura cierra, encaja y aprieta. Es decir, no coinciden plenamente, generando palancas que provocan tensiones musculares y calambres que se mantienen con los años. Ocurre al apretar y centrar las muelas, o al frotar y rozar las muelas y dientes; y puede ocurrir durante el día, pero sobre todo durmiendo, cuando nuestro subconsciente toma el mando y hace un repaso de nuestros sufrimientos y preocupaciones de la vida.

Y por otro, el factor psicológico: estrés, en cualquiera de sus formas. El Estrés es tensión psíquica; estado emocional alterado. Ya sea porque estamos bajo presión o sufrimos una perturbación crónica que se ha hecho parte de nuestra vida; o solamente una situación puntual que ya pasó, ya nos hemos relajado; pero las desarmonías en la mordida continúan ahí y el dolor puede regresar. En definitiva, el estado emocional, no es la causa de la disfunción temporomandibular, sino un condicionante que disminuye nuestra resistencia a las fuerzas y palancas que se producen en nuestra mandíbula. (Dr. Juan Balboa)

 

¿Qué ejercicios hago yo?

A parte de los masajes y la férula de descarga, estos son los ejercicios que a mí me han ido muy bien:

Abrir y cerrar: con la boca cerrada colocamos la punta de la lengua en el paladar, y sin despegar la lengua, abrimos y cerramos la boca,  pero evitando que la mandíbula se desplace hacia los lados o hacia delante (6 segundos, 6 repeticiones y 3 veces al día).

Mover en lateral: Con la boca cerrada en reposo hacemos resbalar los dientes moviendo la mandíbula hacia el lado izquierdo lo que se pueda sin que los dientes dejen de tocarse. Repetimos lo mismo hacia el lado derecho (6 segundos, 6 repeticiones y 3 veces al día).

Apertura forzada: Con la boca abierta vamos incrementando la apertura con la ayuda de los dedos. Colocamos los dedos índices de cada mano en los dientes de abajo y los pulgares en las muelas de arriba y de forma suave pero enérgica se forzará poco a poco la apertura de la boca hasta conseguir que al menos los dedos índice y medio o corazón entren en el espacio que queda entre los dientes de arriba y de abajo (6 segundos, 6 repeticiones y 3 veces al día).

Lateralidad forzada: Movemos la mandíbula hacia el lado izquierdo y al final forzamos un poco empujándola con la mano suavemente (6 segundos, 6 repeticiones y 3 veces al día).

Avance de la mandíbula: Llevamos la mandíbula hacia delante y al final, agarrándonos con las dos manos el mentón, forzando un poco la mandíbula hacia delante (6 segundos, 6 repeticiones y 3 veces al día).

Apertura contra resistencia: con la boca discretamente abierta, colocamos la mano debajo de la barbilla y hacemos fuerza para intentar abrirla a la vez que la mano impide que la mandíbula se desplace hacia abajo (6 segundos, 6 repeticiones y 3 veces al día).

Lateralidad contra resistencia: con la boca discretamente abierta, colocamos el puño en el lado derecho de la mandíbula y hacemos fuerza presionando la mandíbula contra el puño. Repetimos lo mismo hacia el otro lado (6 segundos, 6 repeticiones y 3 veces al día).

Movilidad anterior contra resistencia: colocamos la mano en el mentón o barbilla y presionamos la mandíbula contra la mano intentando llevar la mandíbula hacia delante (6 segundos, 6 repeticiones y 3 veces al día).

Y asentir sin curvar: nos colocamos de pie con la espalda pegada a la esquina saliente de una pared, rectos/as, y asentimos sin dejar que la nuca se separe de la misma (6 segundos, 6 repeticiones y 3 veces al día).

 

No olvidemos gestionar el estrés

Una alimentación adecuada, que nos ayude a relajar el sistema nervioso, y aprender a gestionar nuestras emociones, también hace que acumulemos menos tensiones y que el dolor disminuya.

 

Probadlo y ya me contaréis 😉

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