Tras varias semanas, los exámenes de la universidad, un tiempo para pensar, buscar, y mucho leer y experimentar, vuelvo a la carga. Hoy, con una alternativa saludable al café en los desayunos y las meriendas.

La mayoría de veces que menciono que no tomo lácteos, me encuentro con la misma pregunta: ¿Y entonces de dónde vamos a sacar el calcio que necesitamos?

Quienes, como yo, hemos crecido con la idea de “lácteo” ligada muy estrechamente al calcio, hemos dejado de plantearnos si existen otros alimentos de dónde obtener este mineral tan necesario, incluso en mayores cantidades.  Pensamos en ello cuando nos dicen que tenemos una enfermedad –o intolerancia-, y que debemos de dejar de tomar leche y todos sus derivados, o cuando decidimos dejar de tomarla por motivos éticos. Por eso hoy, os quiero hablar de este té, que es una auténtica maravilla de la naturaleza.

Este té verde japonés –en ramitas si es Kukicha, o en hojas y con un poco más de teína si es Bancha – se cosecha cuando ha descendido de manera natural la cafeína de la planta. Se tuesta y da lugar a un té que no tiene apenas teína -del 0´5 al 1´5 por ciento, para que os hagáis una idea-, pudiéndolo tomar niños y ancianos, y con muchas propiedades, entre ellas, la de contener seis veces más calcio que la leche de vaca. Precisamente, al estar un mínimo de tres años en la planta antes de ser recolectado –de ahí que se llame té de tres años-, es muy rico en minerales, flavonoides y catequinas –por eso se habla de sus propiedades anticancerígenas-, y tiene efecto remineralizante, digestivo, y alcalinizante. Que sea alcalinizante quiere decir que contrarresta los niveles altos de acidez de nuestro organismo derivados de los alimentos ácidos -como por ejemplo carnes, huevos, lácteos, harinas refinadas o edulcorantes-. Y es una función muy importante porque, nuestro organismo, para neutralizar la acidez, coge los minerales de los órganos y reservas de los huesos creando un déficit a la hora de realizar sus funciones principales. Y remineraliza porque es una gran fuente de calcio, de zinc, de potasio, de selenio, de cobre, de manganeso y de flúor –de hecho, muchos deportistas profesionales lo toman después de hacer ejercicio-. Pero además, contiene también vitaminas del grupo B, C y A – el doble de vitamina C que la naranja-, y al ser una gran fuente de energía, es muy recomendable para combatir la fatiga en la Fibromialgia y en el Síndrome de Fatiga Crónica.

¿Cómo lo tomamos? Pues como cualquier té. Es un té que sienta fenomenal a cualquier hora del día, pero al ser energizante, nos va a venir muy bien tomarlo en el desayuno.

¿Y cómo lo preparamos? Personalmente, recomiendo hervir agua –preferiblemente embotellada-, y dejarla templar ligeramente antes de verterla sobre el té, infusionar durante máximo tres minutos –ya que si lo dejamos más tiempo, al ser un té verde, quedará muy amargo-, y si nos apetece, combinarlo con bebida vegetal de arroz, o aromatizarlo con cáscara de limón o hierbabuena, por ejemplo, y endulzarlo con azúcar de coco o melaza de arroz.

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